Esteban Navarro en Labranza, en el patio de la casa de Samuel Fontana.Foto de Ignacio Navarro, sobrino del retirado poeta.
Tengo en mi mano izquierda
El disco de la suite peer gynt
De grieg miro el disco miro
El dedo pulgar de mi mano
Miro el dedo y la mano
De mi padre que sostiene
El disco y miro sus ojos
Que miran el disco mientras
Escuchamos el lied solveighs
Estos cinco minutos y diecinueve
Segundos viven más que su muerte.
Dos árboles que parecen abetos
sobre el tejado
de una casa de muros rojos.
Delante de la casa
un manzano en flor
bajo un cielo de nubes blancas
movidas por viento del este
y la luz del sol que aparece
y desaparece como el flash
de una cámara fotográfica
que quiere guardar tus ojos
invulnerables y esos delgados
dedos que nadie toca.
Describir esta imagen
que miro en la ventana es también
una manera de pensar en ti y mirarte.
No estás en los altos abetos
por encima del tejado
ni en la casa roja ni en el manzano en flor
ni en el viento que mueve las nubes
y obtura la cámara fotográfica
del universo pero estás
en todo lugar como la luz del sol
que aparece y desaparece
siempre y en todo lugar.

Es que ella se cree princesa ése
Es el punto princesa quiere ser
Se siente princesa y cómo no
Ahora que recibe a un pequeño
Número de invitados en el palacio
De cerro castillo (el mismo donde
Allende recibía a los niños
De las poblaciones pobres
Que llegaban invitados de vacaciones)
Y se sientan alrededor de una exquisita
Mesa servida como se sirven
Las mesas de príncipes y princesas
Diputadas de derecha viudas de pinochet
Connotadas figuras de la nobleza ante
Ana de inglaterra hija de la reina
La invitada principal era que no
Cómo no sentirse una más de la realeza
En las alturas del poder y del cerro
(Por el que correteaban los niños
De las poblaciones pobres invitados por
Allende) mientras ana ríe y comenta
Que a diferencia de su hermano
Príncipe heredero ella usa el metro
En Londres con la copa alzada
Al tiempo que todos sonríen
Y celebran alrededor de princesas
Que son y princesas que quieren serlo
Tan lejos de lo que dijeron
Que iban a ser.
Está tan azul el cielo Ignacio
Extrañamente azul en pleno junio
Hace frío sí y tos y desamparo.
Qué haces allí tirado con la sonrisa
Hecha pedazos qué te hicieron
Desnudo de espalda en el pavimento
La cara rota a tiros y las piernas
Y el pecho y los pies incluso.
Qué hacen esos hombres inclinados
Sobre tu cuerpo miran tu sangre
Tu ternura que ha quedado allí
Fuera de tu piel y comparan
Tu rostro con una fotografía.
Miden la distancia que te separa
De la calzada ahora que el futuro
Se ha vuelto tan distante.
Alejan a los curiosos parecen serios
Pero están tranquilos ellos
Inclinados sobre tu cuerpo.
Está tan azul el cielo tan azul
Que decides ponerte de pie
Y así desnudo partes caminando
Lento con calma sin mirar atrás.
Pasas junto a la casa de tu madre
La besas en la frente ella te dice
Abrígate hijo cuídate este invierno
Tú pareces no escucharla sonríes y te vas.
En el camino recoges tu citroneta
Recoges a tu hijo recoges a tu compañera
Desnudo como vas nadie te mira
Sin embargo y cruzas calles y semáforos
Bajo este cielo tan azul en pleno junio.
Tan azul el día bajo este cielo azul
Que incluso morir sería hermoso
Doloroso injusto tristemente hermoso
Como mueren los hombres y nada más Ignacio.
(Poema escrito el 16 de Junio de 1987)
Nadie es capaz de hacer callar a los perros
Que ladran otra vez a medianoche
Esto ha sido escrito hasta el cansancio
Aunque peor es el cansancio
De volver a verlo escrito
Como si alguna vez pudiera llegar a ser
Un poema un poema menor por lo menos
Por qué nadie los hace callar
Perros sin amo no son y ladran
Todo el mundo debe estar despierto
Los vecinos de mi calle
Los habitantes de toda esta ciudad sitiada
Insomnes desesperados al borde de la locura
Antes de escribir reviso puertas
Y ventanas para asegurarme
Alguna podría haber quedado abierta
Vuelvo a echar llave a cerrar postigos
El ladrido de los perros debe ser
Un aviso algo quieren decirnos
Esas mandíbulas que se abren y se cierran
Debo clausurar todo con hermetismo
No con hermetismo de poeta
Con hermetismo de ciudadano rodeado
De merodeadores que amenazan entrar
Por asalto en casa y robar todo
Lo que va quedando
Activo el plan de defensa activo
La alarma contra robos llamo
A la policía y nadie responde el teléfono
Doy vueltas por la casa a oscuras aterrado
El próximo segundo podría ser el último
Son más de las cinco de la mañana pronto
Volverá a amanecer los perros
Siguen ladrando pero es notorio
Que cada vez son menos los que ladran
Aullidos se escuchan aullidos a lo lejos
Pronto la luz del día restablecerá la calma
Al fin podré dormir
Ahora parece ser solo uno el que ladra
O aúlla o gime o se aleja o tal vez
No es un perro
Las primeras luces del alba
Me permiten respirar
Pienso que debería dejar esto
Por escrito para las nuevas generaciones
O para nadie
Voy a la ventana pero decido salir
Voy hacia la puerta la abro y veo
Un desierto donde había una calle donde
Había casas edificios automóviles
Un desierto que se extiende desde la puerta
Lo primero que hice fue caminar
Más de seiscientos kilómetros ida y vuelta
Por el cuarto de cocina que no tiene
Más de seis o siete metros de largo
Me detuve sólo para rellenar
El vaso con el vino que salí
A comprar para él apenas colgué
El teléfono hasta vaciar la botella
Me miraban a la orilla del camino
Mujeres de delantales blancos
Hombres que pasaban montados
En sus bicicletas en sentido contrario
Me miraban los vecinos y mis hijos
Estáticos y mudos bajo el dintel
En el kilómetro seiscientos setenta vi
Las primeras luces
Que no eran faroles sino velas
Alrededor de su ataúd frío
Y no paré hasta llegar junto a la puerta
Que movía el viento como si fuera su madre
Lo segundo que hice fue acercarme
De puntillas y poner el vaso vacío
Sobre su pecho cerrar los ojos decirle
Que venía a despedirme aunque
No pudiera escucharme siquiera
Que venía a despedirme que me dejara
Llorar junto a su hermoso cadáver
Lo tercero es este absurdo poema.
Soñé con los ojos abiertos.
Y vi salir el sol sobre la Iglesia
De San Francisco y vi mendigos dormir
Arrullados por palomas.
Canciones que después costaría tanto recordar.
Soñé que todo era posible.
Detrás del Che y marchaba en medio de la columna
Que asaltó el Cuartel Moncada y el Palacio de Invierno.
Estuve también en la Sublevación de la Escuadra
Y en las calles de mayo de Paris.
Y defendía a los mineros
En la Escuela Santa María de Iquique y defendía
Los derechos del pobre pueblo trabajador.
Que yo la amaba y ella me amaba.
Mis amigos llenaban la casa
Todos los niños eran nuestros hijos
Mujeres y hombres que no conocíamos
Eran amigos y hermanos nuestros.
A los campesinos en los campos del Sur
Y en la ciudad no había
Letreros con palabras luminosas.
A la prostituta más pobre y más fea
Y no pagaba por su cuerpo.
Soñé morir acuchillado por un travesti.